Chequeo preventivo, la clave para evitar la Diabetes Infantil

Si tu hijo orina frecuentemente, tiene sed constante o ha perdido peso inexplicablemente ponte alerta, estos son signos que indican la posibilidad de sufrir de Diabetes infantil, segunda enfermedad crónica de la infancia que está asociada a una vida sedentaria y de malos hábitos alimenticios.


La diabetes tipo 1 (insulino dependiente) que se presenta en la niñez, ocurre cuando el páncreas no produce suficiente cantidad de insulina (hormona que regula la concentración de azúcar [glucosa] en la sangre que se la conoce como glucemia) o cuando el organismo no puede utilizar de manera eficaz la insulina que produce.


Según Milaidi Milian, pediatra de Socialmedical, la diabetes infantil se clasifica en las siguientes categorías generales:

Diabetes tipo 1: se caracteriza por la falta de producción de insulina. Diabetes tipo 2: ocurre cuando las células resisten a la acción de la insulina.

La diabetes tipo 1 es la más frecuente en la infancia y adolescencia, por lo que también se le conoce como diabetes infantil o dependiente de la insulina ya que el paciente va a necesitar administrarse insulina de forma permanente.

Sin embargo, la diabetes tipo 2, que  en otra época era poco frecuente en niños, ha ido aumentando en frecuencia en paralelo con el aumento de la obesidad infantil. Por lo general se manifiesta después de la pubertad, con la tasa más alta entre la edad de 15 y 19 años. Es más frecuente en pacientes con familiares diabéticos tipo II.



Síntomas de la diabetes infantil


Si tu niña o niño presenta los siguientes síntomas es momento de llevarlos a la consulta con el pediatra, quien realizará los análisis de glucosa pertinentes para confirmar o descartar la enfermedad:

  • Orina frecuente (poliuria): un niño con diabetes orina con más frecuencia y cantidades mayores.

  • Sed constante (polidipsia): toma mucha agua debido a que pierde mucho líquido al orinar.

  • Pérdida de peso: a pesar de comer bien el niño pierde peso.

  • Fatiga y debilidad: tu hijo se siente cansado debido a que su cuerpo no convierte la glucosa en energía.

  • Visión borrosa

  • Mal aliento, náuseas, dolor de estómago frecuente y problemas de respiración.



Consecuencias


Milian comenta que generalmente las consecuencias de la DM tipo 1 no aparecen en la infancia, sino cuando el niño diabético llega a la edad adulta. Con el paso del tiempo, las complicaciones de la diabetes tipo 1 pueden afectar los órganos principales del cuerpo, como el corazón, los vasos sanguíneos, los nervios, los ojos y los riñones. Mantener un nivel de azúcar en sangre normal puede reducir, en gran medida, el riesgo de sufrir diversas complicaciones.

Con el tiempo, las complicaciones de la diabetes podrían provocar discapacidad o poner en riesgo la vida.


Enfermedades del corazón y circulatorias. La diabetes aumenta en gran medida el riesgo de tener varios problemas cardiovasculares, como enfermedad de las arterias coronarias con dolor de pecho (angina de pecho), ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, estrechamiento de las arterias (ateroesclerosis) y presión arterial alta.



Lesión a los nervios (neuropatía). El exceso de azúcar puede dañar las paredes de los vasos pequeños (capilares) que alimentan los nervios, especialmente en las piernas. Esto puede causar hormigueo, entumecimiento, ardor o dolor que, por lo general, comienza en la punta de los dedos de los pies o de las manos y se propaga gradualmente hacia arriba. El nivel de azúcar en sangre mal controlado puede causar perdida de la sensibilidad en las extremidades afectadas.

El daño a los nervios que afectan el tubo gastrointestinal causa náuseas, vómitos, diarrea o estreñimiento. En los hombres, la disfunción eréctil puede ser un problema.



Daño renal (nefropatía). Los riñones contienen millones de grupos de vasos sanguíneos pequeños que filtran los desechos de la sangre. La diabetes puede dañar este delicado sistema de filtración. El daño grave puede causar una insuficiencia renal o una enfermedad renal en etapa terminal irreversible, que requiere diálisis o un trasplante de riñón.


Daños en los pies. Las lesiones a los nervios de los pies o el flujo sanguíneo deficiente aumentan el riesgo de diversas complicaciones. Si no se tratase producen infecciones graves que pueden llevar a la amputación del dedo, el pie o la pierna.



Daño en los ojos. La diabetes puede dañar los vasos sanguíneos de la retina (retinopatía diabética), causando ceguera. La diabetes también aumenta el riesgo de otros trastornos graves de la vista como cataratas y glaucoma.




Trastornos de la piel y la boca. La diabetes puede hacer que seas más propenso a tener infecciones de la piel y la boca, como hongos y bacterias. La enfermedad de las encías y la sequedad de boca también son probables.


Complicaciones en el embarazo. Los altos niveles de azúcar en la sangre pueden ser peligrosos tanto para la madre como para el bebé. El riesgo de tener un aborto espontáneo, muerte fetal y defectos de nacimiento aumentan cuando la diabetes no está bien controlada. En la madre, la diabetes aumenta el riesgo de cetoacidosis diabética, problemas de ojo diabético (retinopatía), presión arterial alta causada por el embarazo.


¿Cómo prevenir?

Toma nota de las medidas que evitarán la aparición de DM tipo II en tu niño o niña:

  • La prevención empieza desde el nacimiento con la lactancia materna, evitando así la alimentación artificial, rica en azúcares innecesarios durante esta fase.

  • Para evitar la obesidad infantil y, también la diabetes tipo II, ofréceles una alimentación saludable. Los niños necesitan una dieta rica en fibras y pobre en azúcar.

  • Motívales a realizar actividades físicas. Evita al máximo que lleven una vida sedentaria, y que pasen mucho tiempo delante de la televisión, el ordenador o los videojuegos.

  • Lo ideal es que disminuyan la ingesta de azúcares de absorción rápida como el azúcar refinado, morena, cristal y de miel, sustitúyelos por los azúcares que ya existen en las pastas y frutas.



La Diabetes infantil existe y afecta a nuestros niños y adolescentes. Protejamoslos con una asistencia sistemática a consultas preventivas, así como con un estilo de alimentación y vida saludables